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Dos delincuentes jóvenes ingresaron al comercio «Los Bretes», donde pidieron sus galletitas que dijeron eran sus predilectas: «Polvorita». Cuando la propietaria del local se inclinó para cumplir el pedido, la redujeron apuntándola con un arma y le llevaron la recaudación.

Se los podría llamar «Los Polvoritas», asaltantes menuditos pero decididos. Dos jóvenes de entre 15 y 16 años que el domingo a la tarde se hicieron pasar por clientes de un almacén. Pidieron galletitas «Polvorita» (dijeron que eran sus favoritas), para finalmente asaltar el comercio y llevarse toda la recaudación. Actuaron a cara descubierta y los vecinos dicen que viven en las fracciones XIV y XV.

Gisela, la víctima del robo, le contó a El Patagónico cómo fue el atraco del domingo. Ella estaba atendiendo su almacén «Los Bretes» que abrió hace solo un mes atrás, cuando aparecieron dos jóvenes. Le pidieron galletitas «Polvoritas» que estaban en la parte inferior del mostrador. «Cuando me agaché a buscarlas, vi que estaba atrás mío. No le dije nada, ya me di cuenta que era un robo. Me dijo que no grite, que me tire al piso y que le diga dónde estaba la caja con la plata» relató Gisela.

El atraco ocurrió en la manzana 5 del loteo «Los Bretes» muy cerca de la Fracción XIV y al pie del Cordón Forestal y detrás del salitral del barrio Abel Amaya.
«Ahora me robaron en el local, anteriormente me robaron al costado de mi casa. Me robaron todas las herramientas» contó la comerciante.

Los delincuentes actuaron a cara descubierta. Los menores, según lo que le comentaron a Gisela los vecinos, «mandan a otras personas a comprar» pero suelen andar por el lugar. Los vecinos dicen que viven en las fracciones XIV y XV. «A la mayoría le entraron a robar. A mi hermana le llevaron hasta la cocina», cuenta Gisela.

«MAS PATRULLEROS»

Para la comerciante, el reclamo que deben atender las autoridades provinciales es el de mayor presencia policial en la zona. «Ellos (la Policía) me dicen que son pocos los patrulleros que tienen. Y recorren acá, la parte de allá arriba, es difícil. Queremos un poco más de seguridad. Los caminos hechos pedazos y los autos (de la Policía) se les quedan incrustados», contó Gisela.
La víctima del asalto dijo que cuando le pidieron que no gritara, hizo caso porque «si les decía algo se me metían adentro de la casa». Los delincuentes fueron claros: «no abras la boca, si no te pegamos un tiro».

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