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Hasta ahora, todos los testigos que declararon en la causa en la que se investiga el asesinato de Claudia Schaefer en el country Martindale confirmaron que la mujer era hostigada por su esposo, Fernando Farré, único detenido por el homicidio, ocurrido el 21 de este mes. Pero ninguno de ellos, en realidad, presenció agresión alguna de parte de Farré hacia su mujer.

Por eso, para la fiscalía, que intenta probar que el asesinato fue el punto culminante de una serie de episodios de violencia, es de vital importancia la declaración de María, la empleada que trabajaba en la casa del matrimonio en Recoleta y que, según consta en la denuncia que Schaefer hizo en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte, presenció un ataque ocurrido a principios de este mes. El testimonio está programado para hoy.

Pero no fue ella la única testigo de esa agresión: también estaban los tres hijos del matrimonio. Ante la necesidad procesal de probar el supuesto perfil violento del imputado, surgió la posibilidad de que la fiscal de Pilar, Carolina Carballido, y el abogado de la querella, Jorge Sandro, decidan que los tres chicos, de 13, 11 y 9 años, declaren asistidos por psicólogos en cámara Gesell.

Con respecto a esta posibilidad, el abogado Sandro expresó: «Lo tengo bajo análisis, es una alternativa relevante, pero hay que evitar revictimizaciones [las de los chicos] que puedan ser perjudiciales».

El 2 de este mes, al denunciar a su marido en la OVD, Schaefer, de 44 años, afirmó que Farré la había agredido física y verbalmente delante de sus hijos, y sostuvo que María estaba en la casa. La víctima recordó que el hombre la atacó porque había intentado usar su celular para grabar las amenazas, que la arrojó contra el sillón y le puso una rodilla en la cara.

Esta declaración fue evaluada por la OVD, que hizo un informe en el que se suscribió: «Al momento de la presente entrevista, y considerando lo impredecible de las conductas humanas futuras, se valora dicha situación como de bajo riesgo».

En el informe se dejó constancia de que «teniendo en cuenta el relato de la señora Schaefer se evalúa que esta situación se encuadraría dentro de la problemática de una conflictiva de pareja, con episodios de agresiones verbales, agravadas en la actualidad por la pérdida laboral del señor Farré».

Esa nota entra en contradicción con el planteo de la querella y de la fiscalía, que intentan probar que el homicidio de Schaefer fue el punto culminante de una sucesión de episodios de violencia. Por tal motivo, adquirió importancia la declaración de la empleada María y lo que los hijos del matrimonio puedan decir.

Sobre la importancia de la declaración de los menores, cabe recordar que en el proceso que terminó con la condena del ex baterista de Callejeros Eduardo Vázquez, una de las pruebas clave fue lo que contó el hijo de la víctima, Wanda Taddei.

Hasta el momento, el hostigamiento que sufría Schaefer de parte de Farré fue ratificado por su jefe, quien afirmó que estaba al tanto de que la víctima atravesaba una relación conflictiva con su marido.

Ese testigo le contó a la fiscal un episodio que la propia Schaefer mencionó en su denuncia ante la OVD de la Corte Suprema y que está relacionado con un mail que él recibió de parte de Farré.

En ese mail, el ahora detenido le decía al jefe de su esposa que le sacara unos beneficios económicos que ella tenía para cubrir los gastos del uso de su camioneta Audi Q7 porque él, que había perdido su trabajo, planeaba vender ese vehículo.

También se refirieron al supuesto hostigamiento que sufría Schaefer el portero del edificio de Libertador al 1700, en Recoleta, donde vivía el matrimonio, y un compañero de trabajo de la mujer. Este hombre, de 34 años, al que Farré habría fotografiado con Schaefer en un pub de Nordelta, mencionó el control que el empresario ejercía sobre la mujer.

Según Adrián Tenca, abogado defensor de Farré, quien anticipó que intentará demostrar que su defendido es inimputable, ninguno de aquellos primeros testigos vio un ataque o una agresión física, sino que las conocen por el relato de la víctima.

Estando fuera de discusión la autoría material del hecho, el centro de la investigación es determinar si la decisión de Farré de matar a su esposa fue un hecho planificado o producto de un estado de emoción violenta que lo haría inimputable o, cuanto menos, lo pondría en situación de recibir una pena mucho menor que la que establece el Código Penal para el femicidio.

Una de las secuencias a analizar figura en la declaración del abogado que acompañó a Schaefer a la reunión en el country el día del crimen. Contó que cuando la madre de Farré le gritó que dejara de apuñalar a su mujer, el acusado levantó la vista, se detuvo unos instantes, los miró y siguió. Si ocurrió tal como lo relató el letrado, los peritos evaluarán si esa conducta corresponde a alguien enajenado o a un psicópata. En cualquier caso, Farré terminará en una cárcel común o en un neuropsiquiátrico.

El análisis pericial se realizará en el contexto en el que vivía la pareja, que invertía por lo menos $ 100.000 mensuales para mantener el nivel de vida. Sin dejar de lado que Farré había cobrado una millonaria indemnización luego de desvincularse de la empresa de cosméticos en la que trabajó durante cuatro años, dinero que, aparentemente, no pretendía compartir con su ex mujer.

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