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La propietaria de una residencia de la avenida Seguí vivió un calvario al ser abordada por una mujer que la obligó a ingresar a la vivienda tras arrojarle combustible en el rostro. Con la posterior ayuda de un cómplice ataron a la víctima a una silla, le colocaron una bolsa en la cabeza y la cortaron con un cuchillo exigiéndole dinero.

Los habitantes del sector de Seguí y Comodoro Py anoche no salían de su asombro a medida que se enteraban los detalles del violento robo que sufrió una jubilada que reside junto a su hijo en ese sector de Rada Tilly. El asalto se produjo a las 13:33 –como quedó registrado en las cámaras de la vivienda- y los delincuentes permanecieron por alrededor de 30 minutos en el interior del domicilio.

La tranquilidad del sector se vio sobresaltada cuando la víctima, de 65 años, abrió la reja del sector del garaje para salir en su vehículo. Una mujer se le acercó y le preguntó dónde quedaba «la calle Sarmiento». Luego, la delincuente le arrojó nafta en el rostro, extrajo un cuchillo de entre sus ropas y la condujo hacia el fondo de la residencia.

El hijo de la damnificada, Alejandro, contó que la delincuente le decía a su madre: «no pongas resistencia, esto es un robo». En ese momento «mi vieja trataba de mantenerse afuera por si pasaba alguien», pero los vecinos no se enteraron de lo sucedido. Y en la obra en construcción de enfrente llamativamente no había ningún obrero trabajando.

El terror recién comenzaba para la jubilada. La víctima fue obligada a ir al garaje y después a la vivienda. En esos momentos entró en acción un cómplice que acompañaba a la ladrona.

Esta insistía: «quiero plata, quiero plata». Después «la ataron a una silla, la cortaron toda, las manos y le pegaron. Le pusieron una bolsa negra en la cabeza y la encintaron toda. Le decían: ´dame la plata de la caja fuerte´», describió Alejandro con indignación y sin terminar de entender la inusitada violencia que utilizaron contra su madre.

La propietaria de la casa les entregó la llave de la caja fuerte y los delincuentes constataron que allí no había dinero. Minutos después les indicó dónde había algo de plata y los malvivientes se apoderaron de esa suma más algo que había en la cartera de la jubilada.

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Otro aspecto llamativo del golpe delictivo fue que el cómplice no habló en ningún momento. La mujer dirigía las acciones delictivas. A las 13:58 –según el registro de las cámaras- concluyó el robo cuando la pareja se retiró del lugar, pero se desconoce si lo hicieron a bordo de un vehículo.

En ningún momento los ladrones advirtieron que quedaron registrados en las cámaras de seguridad de la vivienda, aseguró el hijo de la víctima.

Tras alertar a la policía, Alejandro se encargó de trasladar a su madre al centro sanitario de la villa para que fuera atendida por las distintas heridas cortantes y golpes que sufrió en manos, brazos y rostro. También tuvo que ser examinada por las posibles lesiones que el combustible le provocó en la piel y la vista.

«La llevé a la salita porque estaba toda cortada, le golpearon la cara, las manos, le clavaban todo el tiempo acá (en la zona dorsal) con una faca como para que entregue la guita».

Sin embargo, «no tenemos guita, yo no tengo empresas y mi vieja tampoco. La casa la tenemos porque la compramos antes. No hay explicación y la sensación que te queda. No se entiende por qué tanta saña», reflexionaba Alejandro.

«Yo soy monotributista, llego con lo justo a fin de mes y mi vieja es jubilada. No entendés nada. Tratás de tener una vida tranqui, yo no jodo a nadie, mi vieja tampoco y laburás para ganarte los mangos. Yo no estoy metido en política, en nada. Es inentendible», insistía.

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