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Luis Roberto Gramajo, el primer bombero fallecido en acto de servicio en la ciudad será despedido hoy por familiares, camaradas y la comunidad a la que se entregó por entero ofrendando su propia vida. El joven que prestaba servicio en el Cuartel Central era bombero voluntario desde hace más de una década y había intervenido en numerosas situaciones.

Sus colegas doblados por el dolor y con la cercanía con el peor de los límites, el de la propia subsistencia se encargaron de recordarlo afectuosamente. Hijo de un dirigente vecinal del barrio Sarmiento; amante de los autos tuneados y orgulloso del uniforme que portaba, “Pirry” Gramajo había nacido en Puerto Deseado aunque vivió casi desde siempre en Comodoro Rivadavia ligado al sonido de los motores; la amistad y su inquebrantable vocación de servicio.

Ser bombero fue siempre una elección, sin medir riesgos; sin cobrar un sueldo y resignando parte de las comodidades hogareñas. Inclusive durante el fin de semana había pernoctado en el Cuartel con la idea de completar el total de horas que se requiere para mantener su condición de activo. Y en el mediodía del domingo, se preparaba para compartir un asado con sus compañeros. Cuando se había comprado la carne y comenzaba a prepararse el fuego; sonó la alarma fatal que cambiaría todo para siempre.

Gramajo se calzó el equipamiento de rigor y en minutos, estuvo a bordo del Móvil 40, la unidad de ataque rápido desplazándose hacia la zona de Costanera. Ya en el lugar se comprobó la magnitud del siniestro; el fuego que se había declarado en el pub, confitería y salón de baile “Irlanda” sobre calle San Martín en cercanías de la Plaza Soberanía. Aunque inicialmente la situación se declaró “controlada” de acuerdo al protocolo; se observaba fuego en el entretecho mientras se atacaba la cocina del local mayoritariamente construido en madera. Tres bomberos -entre ellos Gramajo- ingresaron para neutralizar las llamas en el interior. Según testigos, la rotura de una ventana, provocó una explosión por efecto del oxígeno que puso en riesgo al equipo. Dos bomberos lograron retirarse con esfuerzo pero la víctima en medio de la confusión quedó expuesto a los gases y la alta temperatura en un sector de barra a prácticamente siete metros de la salida.

De inmediato se requirió asistencia y se solicitó apoyo externo. Inclusive llegó hasta el lugar una dotación de bomberos de la Prefectura Naval Argentina que no suele intervenir fuera de la jurisdicción portuaria. También el equipo de Guardavidas municipal se acercó ante la emergencia portando un desfibrilador con el que se le practicó resucitación cardiopulmonar al bombero ya rescatado y con quemaduras en el pecho, manos y rostro.

La llegada de los equipos médicos terminó confirmando el deceso de Luis Gramajo, una circunstancia que generó lógicas escenas entre sus colegas. Aunque resta conocerse el resultado de los peritajes, se presume que el bombero habría fallecido como consecuencia de la asfixia provocada por la inhalación de gases. Gramajo (35 años) además de ser bombero voluntario se desempeñaba como cocinero en Casino Club; estaba en pareja y se preparaba para ser padre dentro de pocos meses. La Federación Argentina de Bomberos decidió condecorarlo post morten con la Cruz Dorada al Caído en Servicio, casi un equivalente en cuanto a beneficios a un Veterano de Guerra. Y también declarar el luto por el término de 72 horas instruyendo a las federaciones provinciales y sus afiliadas mantener por dicho plazo los símbolos nacionales, provinciales e institucionales a media asta. También autoridades municipales y provinciales se acercaron a los familiares, poniéndose a disposición y asegurando la continuidad de la obra social, pensión y seguro de vida a su mujer e hijo por nacer. Sus restos fueron velados con una guardia de honor en la sala “B” de la Sociedad Cooperativa Popular y hoy a las 10, lo despedirán las sirenas de las autobombas en una emotiva ceremonia institucional.

Sin morgue judicial

Una vez más se pusieron en evidencia las dificultades del Poder Judicial para brindar un servicio de justicia a la altura de los acontecimientos pues la demora del Cuerpo Médico Forense dependiente del Superior Tribunal en llevar adelante el estudio de autopsia, ordenada por el Ministerio Público Fiscal y necesaria para deslindar responsabilidades, no hizo más que agravar el dolor de la familia. Nadie merece que al dolor de la pérdida de un familiar se lo aumente con un destrato del Estado. Cabe recordar que Comodoro Rivadavia fue la última ciudad en la provincia en contar con una morgue judicial e incluso a la fecha no se encuentra habilitada para su funcionamiento.

Fue a instancias de la Procuración General que se reactivó el trámite para su construcción ya que resultaba indispensable en orden a tecnificar la investigación. Fue necesario remover obstáculos dentro y fuera del Poder Judicial, como también buscar un lugar apropiado que no afectara las normas de salubridad y urbanísticas. Ello motivó reuniones en el seno del Concejo Deliberante que finalmente cedieron un espacio para la instalación del nosocomio en terrenos del Cementerio. En el presente el edificio forense está finalizado pero nuevamente razones burocráticas impiden su efectivo uso con las consecuencias no deseadas que hoy se evidencian.

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