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Casi con las primeras sombras de la noche el hallazgo del cuerpo de un hombre sin vida en una playa de Km. 5 movilizó fuerzas policiales, familiares y amistades que buscaban intensamente al joven estudiante de Educación Física Carlos Carranza (27), desde la tarde del último domingo.

El cuerpo se encontraba al pie de un pequeño acantilado del lugar, cercano a la vieja Usina de Km. 5, y hasta anoche aún no se podía asegurar oficialmente que se trata del joven que residía con su familia sobre la calle Margarita de Adad 30, casi pegada a la antigua tribuna de cemento del Club Ferrocarriles del estado, la que en horas de la tarde había sido visitada por numerosas personas preocupadas por el paradero del joven.

Luisa, la madre de Carlos Carranza contó a este diario que el joven “solía salir siempre en su moto, pero el domingo se le rompió la llave de arranque y como tenía que ir a ensayar a la pista de atletismo de Km. 4, a lo mejor decidió irse caminando ya que se llevó prendas deportivas y dejó su billetera y teléfono celular…” señalaba una hora antes de enterarse de la aparición de un cuerpo en la playa cercana a la vieja Usina, cuando recibía a familiares, gente de la Brigada de Búsqueda de personas y estudiantes compañeros en el INEF de Carlos que andaban pegando afiches con la fotografía del joven pidiendo aportar datos sobre su paradero.

Los miembros de la Brigada de Búsqueda de personas ya se encontraban abocados a buscar imágenes del joven buscado en al menos dos cámaras de seguridad de comercios de la avenida José Ingenieros donde lo habrían visto el domingo a la tarde, y también predispuestos junto a fiscalía a revisar el teléfono celular que pueda brindarles algún dato, pero a eso de las 19:15 el alerta sobre la aparición de un cuerpo al pie de un acantilado en la costa, les hizo trasladarse en masa hacia ese lugar.

Ya había ganado la noche y la oscuridad en el lugar y se prohibía el acceso al menos a unos 100 metros, de toda persona ajena a peritos e investigadores policiales, aunque un hermano de Carlos Carranza habría logrado eludir ese cerco y corrió hacia donde estaba el cuerpo, y lo habría reconocido, de allí el llanto ininterrumpido de todos los amigos y familiares que se hicieron presentes y no daban crédito a lo que escuchaban mientras veían a lo lejos una tenue luz blanca que señalaba el lugar donde estaba el cuerpo.

Ya sobre las 21 de anoche y ante un clima costero muy frío, trabajaban los peritos e informaban a la fiscalía y procuraban acelerar los tiempos antes que subiera la marea. Ahora esos informes sumados a los de una inminente autopsia, determinarán las causas del deceso que podrían derivar en el archivo de un expediente judicial; si el cuerpo muestra signos de violencia que permitan sospechar que otra o personas tuvieron responsabilidad en la muerte, si cayó accidentalmente del acantilado o fue arrojado contra su voluntad, etc.

Lo concreto es que el llanto incontrolable y la incredulidad masiva por el trágico final era el panorama sombrío y triste que se transmitía anoche entre los asistentes a la playa de Km. 5.

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