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Los principales bloques aprobaron la suba del piso del impuesto en un 50%; también gravaron el juego, la renta financiera y la minería; el oficialismo, que impulsaba una iniciativa mucho más moderada, quedó en minoría con su propuesta.

filo del cierre del año parlamentario, la oposición en la Cámara de Diputados logró ayer dejar sus diferencias de lado, se unificó detrás de un proyecto común para reformar el impuesto a las ganancias y le propinó al Gobierno la derrota política más dura desde que Mauricio Macri llegó al poder.

De acuerdo con el texto acordado y aprobado anoche por la oposición en general por 140 votos a favor, 86 en contra y 7 abstenciones, el mínimo no imponible, el umbral a partir del cual los trabajadores pagan el impuesto, aumentará casi un 50 por ciento: para los empleados solteros pasaría de los actuales $ 18.800 de bolsillo a unos $27.700 netos; para los que son padres de dos hijos, de $ 25.000 de bolsillo a unos $ 36.300 netos. Para financiar los cambios, se propone crear nuevos impuestos, al juego y a la renta financiera, y reponer las retenciones a la minería, eliminadas por el Presidente a principios de año.

De una dimensión política que sólo se había dado durante la votación de la ley antidespidos, luego vetada por Macri, el acuerdo terminó de cambiar el escenario en el Congreso, hoy adverso para la Casa Rosada.

La conferencia de prensa en la que se anunció el texto de unidad incluyó al Frente para la Victoria (FPV), el Frente Renovador (FR), el Bloque Justicialista (BJ), el Frente Amplio Progresista (FAP), el Movimiento Evita y Proyecto Sur. Una postal inusual y preocupante para el oficialismo. «Buscamos un fino equilibrio para atender las necesidades de los trabajadores sin desfinanciar a las provincias», dijo Oscar Romero, presidente del BJ, al abrir la conferencia. Sólo quedaron fuera del acuerdo el Frente de Izquierda (FIT), que reclamó eliminar el impuesto para todos los asalariados, y los bloques provinciales aliados del Gobierno.

¿Qué hará la Casa Rosada si el proyecto se convierte en ley? «Primero vamos a pelear hasta el final en el Senado. Como golpe de efecto opositor está bien, pero miren las caras que hay detrás del proyecto. No estamos seguros de que los gobernadores vean con buenos ojos que les quieran meter la mano en el bolsillo por una especulación oportunista de quienes hasta hace un año tenían el poder para hacer esto pero no se les pasaba por la cabeza», es la reflexión que comienza a imponerse como estrategia discursiva entre los funcionarios oficialistas. Los macristas observan una especulación electoral que protagonizan principalmente Sergio Massa y los referentes del Frente para la Victoria.

Aún así: ¿contempla Macri la posibilidad de, eventualmente, vetar la norma? Es una posibilidad de la que nadie quiere hablar, pero el jefe de Estado la evalúa. Ya dejó trascender en su círculo íntimo que «el veto es una potestad del Presidente». Y asegura que no hará nada que perjudique el rumbo económico y, sobre todo, su objetivo de bajar sensiblemente el déficit en 2017.

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