Como funcionan los trolls en el mundo de las redes sociales

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Un equipo de trolls se divide en tres áreas: una persona o grupo que decide la estrategia (a quién hay que hablarle, a quién hay que atacar, y cómo); un equipo audiovisual que diseña las piezas que se difunden (videos, imágenes, flyers); y uno de empleados junior, que llevan a cabo las campañas. A estos últimos suelen llamarlos «monitos».

Los operarios no firman contrato, se les paga en negro y se les pide discreción a la hora de referirse a su trabajo. Son estudiantes o licenciados en Comunicación o Informática. Tienen entre 20 y 35 años. Algunos tienen horarios fijos y asisten a una oficina; otros trabajan desde sus casas y envían a sus jefes capturas de pantalla de cada operación. Cobran entre 10 y 15 mil pesos por mes. Los mejor pagos son los que están disponibles a toda hora, cualquier día.

Los gastos para realizar una campaña ilegítima en redes sociales son destinados principalmente a la compra de cuentas y software y al pago de sueldos de operarios y diseñadores. El monto total varía según la calidad y tipo de cuentas, la cantidad de empleados y su disponibilidad. Pero los dueños de las agencias admitieron que el precio se decide de acuerdo a la billetera del cliente.

Las agencias compran cuentas «truchas» en redes sociales a través de internet. Entre 2008 y 2009, cuando empezaron a utilizarse en el país, solo podían adquirirse en la deep web («internet profunda», un área de la red que no está indexada por los motores de búsqueda convencionales) o en páginas del exterior. Un consultor pionero en la coordinación de «granjas de trolls» conseguía, en 2014, cuentas falsas creadas en Vietnam; otro en Polonia, otro en India, otro en Pakistán. Hoy también están disponibles en páginas argentinas.

Una cuenta validada (asociada a una línea telefónica, que permite crear perfiles en varias redes) sale entre 20 y 50 dólares. Se calculan unos 100 dólares para lograr interacciones (por ejemplo, likes) para 3000 cuentas apócrifas. Y un programa para manejar bots cuesta unos 1000 dólares.

Muchas veces los trolls y bots se usan para desviar o modificar los focos de las conversaciones en Twitter, Facebook e Instagram sobre determinados temas. Un ejemplo reciente lo provee Baccaglioni: detectó que la mayor parte de los mensajes en Twitter el día después del asesinato de un colectivero en Tristán Suárez cuestionaban al gobierno provincial. Alrededor del mediodía, hubo un cambio drástico. La mayoría de las conversaciones criticaba a la intendencia de La Matanza. Rastreó el tipo de tuits emitidos en ese rango horario y descubrió que habían aumentado exponencialmente, y que las cuentas que tuiteaban eran falsas. Poco después, uno de las tendencias en Twitter era #RenunciaMagario.

Fuente: La Nación

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