Hubo un gran sueño llamado Chubut que aún está vigente

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Pocos días atrás y en este mismo medio, el ex convencional José Raúl Heredia efectuó una reseña de los grandes hitos institucionales de la Provincia y de cómo los comportamientos personales han inobservado o en todo caso no han aprovechado los lineamientos dados en el año 1994 en la Constitución reformada.

Pretendo en esta oportunidad y a poco de haberse cumplido 58 años de aquella pieza oratoria casi inigualable en su contenido y prosa -me refiero al discurso de Martín Luther King el 28 de agosto de 1962- hacer llegar al pueblo de nuestra hermosa Provincia, que al igual que el líder negro, los convencionales de 1994 también tuvimos una ilusión profundamente arraigada en el espíritu del pueblo chubutense.

Tuvimos la ilusión de establecer principios y valores a través de una letra constitucional que debía ser interpretada, aplicada y actualizada por el sistema político.

Y cuando digo «sistema político» refiero al entramado de relaciones que generan las conductas de quienes detentan el poder en sus diversas manifestaciones y que no encuentra artículo alguno de los 271 que expresamente albergue ese concepto. Un entramado de conductas regidas por la ética y el fin de bien común que normalmente los sistemas políticos llevan consigo en los países prósperos; y nosotros tuvimos un sueño de prosperidad, la ilusión de un Chubut Top five al menos.

Cómo no tener ese sueño en una Provincia extensa, de variados recursos naturales y escasos habitantes que permitía la comunicación y el conocimiento cara a cara de los detentadores del poder y los habitantes, lo que prometía la posibilidad de conductas rectas ante la amenaza del reproche social.

Para poder ilusionarnos se estableció en el artículo 67 que la cobertura de los empleos públicos se haría por concurso de oposición y antecedentes; que la política de salud debía coordinar y normalizar para que el acceso y la oportunidad de la prestación sean optimas, constitucionalizando un régimen de seguridad social al que deben aportar los funcionarios, sean electivos o no creando un organismo autárquico provincial que debe darle a las contribuciones un destino específico.

Ese sueño llamado Chubut grande tuvo un pilar en la estructura arquitectónica ideada para la educación desde el artículo 112. Se garantizó un sistema educativo que prevea eficiencia, calidad y actualización en los artículos 116 y 117 inc. 9. que para ello aseguraba un presupuesto adecuado, con una contribución del tesoro de no menos del 25 % de los recursos y también afectación específica (art. 119). El sueño de una educación de calidad se hacía ostensible desde la cláusula transitoria primera que ordenaba la creación del Ministerio del ramo.

Y entendiendo que ello debía ser aún reforzado se dijo en el artículo 24 que si bien se fomenta la conformación de los gremios ninguna medida de fuerza puede afectar la prestación de un servicio esencial. Es que desde el preámbulo dijimos que queríamos «consolidar la educación».

Tuvimos la ilusión de un cuerpo legisferante siempre iluminado y por ello puede invitar a especialistas en temas que se encuentren en tratamiento (art. 134. 7.) y se le atribuyó en una previsión anti-déficit que por la ley de presupuesto se aprueba el número de cargos de la administración pública y su remuneración (art 135 . 4. y 5.); y no se autorizaron empréstitos para equilibrar gastos ordinarios de la administración.

Hubo hace 26 años un sueño de Provincia que para atraer riquezas materiales y humanas y para que los derechos reconocidos, y los que se consagraron, no fueran un catálogo de buenas intenciones, debíamos perfeccionar el Poder Judicial, y por ello se dijo expresamente en el artículo 162 que es un Poder autónomo e independiente, lo que significa ininfluenciable por los factores de poder o la política partidaria.

Nos ilusionamos con que en esta Provincia los jueces, fiscales y defensores no debían temer por sus personas ni bienes, de los poderes ejecutivos provincial o municipales, menos aún del propio poder que integran; tuvimos el sueño de que ellos ejerzan su ministerio con plena autonomía de modo que sus decisiones sean solo el fruto de su libre deliberación.

El sueño reclamaba de la intangibilidad, de modo que las asignaciones de que trata el artículo 170 no sean demoradas ni reducidas por acto de autoridad, lo que se acompañó de la cláusula del artículo 177 que confirió la posibilidad de una autarquía que evitara que el Poder Judicial siga la suerte de la economía ministerial ejecutiva.

Sepan comprovincianos que ha sido tan cierto que hubo un sueño llamado Chubut próspero que se creó un Consejo de la Magistratura de base parcialmente popular -como le gusta decir a mi distinguido colega Heredia- para obtener mecanismos conocidos de designación y remoción de modo que no sean necesarias interpretaciones acerca del procedimiento, legitimación o causales. Pero se mantuvo la tradición en cuanto al modo de designación de los miembros del Superior Tribunal de Justicia en la confianza de que el sistema político no produciría deformaciones inadecuadas al escoger.

Esa misma confianza en los operadores del sistema hizo que no se reproduzca un artículo como el 95 de la Constitución Nacional que ordena al Presidente llamar a elecciones en el lapso de dos meses previos a la conclusión de su mandato, ya que el sueño llevaba a confiar en que aquellos, nutriéndose de la ideología constitucional debían ser capaces de establecerlo sin ruidosas controversias.

Hubo hace 26 años una gran ilusión llamada Chubut tierra de prosperidad, que aún debe ser realizada y que pervive arraigada en el espíritu que encierra la Constitución, en sus magníficas palabras, y en cada habitante de esta tierra.

A esa tarea se deben poner manos a la obra inmediatamente a través de una estrategia de concertaciones mediante el diálogo, y de renunciamientos, bajo condición de la promesa ilevantable de todos los sectores, de diagramar unas pocas políticas que quiten los obstáculos actuales y permitan enderezar hacia el futuro con expectativas.

Los ex convencionales podemos colaborar en el momento de acuciante necesidad de volver a soñar que esta Provincia ofrece, como a nuestros antecesores, posibilidades de progreso y realización personal y comunitaria.

(El autor es ex-convencional constituyente del Chubut y juez de Primera Instancia en lo Civil, Comercial, Laboral, Rural y de Minería de la Circunscripción Judicial Sarmiento.)

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