Compartir

Jonatan Cattelani fue asesinado de un disparo en el pecho en el patio de su casa que había construido hace cinco meses en la zona alta de Pieragnoli y Antonio Garcés en el Máximo Abásolo. Según testigos, mientras compartía bebidas con sus amigos intercedieron en una pelea entre dos hermanos ebrios. Salieron en defensa del que reside en la zona y entonces el otro se fue. Pero no tardó en volver en busca de venganza. Esta vez no estaba solo y desde una Renault Kangoo le efectuaron varios disparos a la víctima. Recién lo hallaron sin vida dos horas después. Es el séptimo homicidio en lo que va de 2017.

Ayer, después de una noche de excesos Cattelani y sus amigos estaban sentados en el patio de la casa cuando observaron una pelea en el barrio. Según comentaron algunos testigos a El Patagónico, Ramón “El Moncho” Alvarado -que bebía junto a sus familiares y amigos a unos 50 metros de la casa de Cattelani- protagonizó una pelea con su hermano, a quien se conoce como “Perico”.

Los amigos de Cattelani salieron en defensa de “El Moncho”, más que nada por ser vecino ya que cuando bebe (lo cual es frecuente) se vuelve hostil. Pero al ser del barrio, lo defendieron. Hubo una pelea en la que habría participado un joven de 18 años, amigo de Cattelani que llegó hace poco de Buenos Aires. Todo indica que “Perico” Alvarado llevó las de perder. Fue golpeado y corrido del lugar.

Según los testigos, poco después el agredido y tres personas más llegaron en una camioneta Renault Kangoo. Estaban armados. Cattelani y sus amigos seguían bebiendo como si nada. Algunos ya se habían ido a acostar. Eran las 8:30. Una vecina escuchó que una mujer gritaba que no quería problemas y otra vez se produjo un cruce de palabras que incluyó no pocos insultos. Luego se escucharon los tiros. Primero fueron cuatro, una pausa y después otros cuatro.

Por temor, ningún vecino salió a mirar qué ocurría. Si alguno lo hizo, fue sin que lo notaran. La mayoría de las construcciones en la zona son de paredes fácilmente permeables a los plomos, así que todos saben que cuando se escuchan disparos hay que recostarse sobre el suelo y dejar pasar el tiempo que haga falta.

Algunos de los amigos de Cattelani estaban sentados frente a la casa, otros arriba de la moto que recibió un tiro en el tanque de combustible. Al anfitrión le ingresó un proyectil en el pecho. Se apoyó la mano como queriendo mitigar el dolor y de inmediato trató de buscar refugio. Salió corriendo hacia la parte trasera de la vivienda y cayó detrás de la casa cuando intentaba colgarse del alambrado para saltarlo. Quedó boca abajo.

Sus amigos corrieron en distintas direcciones. El asesino se fue en la camioneta por el único ingreso y salida que hay en el lugar, un camino lateral al lado de una arboleda a la que se accede por avenida Pieragnoli. Un vecino que estaba durmiendo y vive enfrente de la casa, escuchó los disparos y se levantó. Fue al lugar y observó las corridas. Comenzaron a preguntarse por “El Turro”. Uno decía que lo habían visto correr herido cerro abajo. Lo cierto es que nadie se percató de que Cattelani había caído detrás de su propia casa.

Cerraron la puerta con candado, y salieron a buscarlo. Algunos creyeron que lo habían llevado al Hospital. Pero allí tampoco llegó.

Compartir